Paco Mora. EL MAL

El mal

 

Abolido el infierno como un lugar físico donde un cornudo más feo que Picio se empeñaba en pincharnos con una horca para no escapar de las llamas de la condenación eterna, se nos figura que la viva representación del mal gasta el bigotito apergaminado de aquel carnicero llamado Hitler, o el mostacho endemoniado de Stalin, el psicópata, o simplemente tiene la cara brutal e inhumana de la guerra, de cualquier guerra, por citar ejemplos arquetípicos con los que toda persona de bien estará fácilmente de acuerdo. Lo que se nos suele escapar, por cercano y por esa tendencia tan humana y cobarde a volver la cabeza y mirar para otro lado, es que el mal, el mal absoluto, puro y sin paliativos, en muchas ocasiones nos ronda tabique con tabique, y se viste con nuestra misma marca de pantalones, y acude, como nosotros, a su trabajo y, como nosotros, es un contribuyente con cicatrices en el alma y es padre y es hijo y amigo de sus amigos.
“Ahí tenéis vuestra herencia”. Es difícil imaginar una expresión más diabólica, si quien la pronuncia es un padre dirigiéndose a sus hijos tras haber asesinado a su mujer y a otra hija embarazada de cuatro meses. Me refiero, como el lector sabe, a ese energúmeno de Osuna que hace unas semanas nos estremeció con su crimen. Con el mal no caben tratos ni componendas ni órdenes de alejamiento. Urge atajarlo, ya. Por tantas mujeres muertas (ya van otras cuantas, después de lo de Osuna). No sea que en una de estas, al volver la cabeza, nos encontremos con la horma de nuestro zapato.

 

El Día de Cuenca
27 de septiembre de 2006.