Paco Mora. OCTUBRE

Octubre

 

Lo decíamos ayer: a octubre se le andan cayendo las castañas pilongas de los árboles y ya el otoño se entretiene jugando a la dola en algún lugar recoleto del parque. Las tardes se acortan y por el aire ronda una sospecha que no sé si es melancolía o tontuna. Sea como fuere nota uno una cierta pesadez en los párpados y lo que no se le va en suspiros es pasto de las musarañas. No extrañará, pues, que al columnista hoy las palabras se le hagan gaseosa y las malbarate al buen tuntún. Ya sé que a la columna, como a Sabina en su canción, le sobran motivos. Ahí siguen los unos y los otros fatigando nuestra inteligencia con el 11-M: los embustes, las palabras sirviendo a no sé qué intereses de qué amo como moneda de cambio ante lo que importa: la magnitud de la tragedia, las lágrimas de la gente, el dolor por tanta muerte sin sentido, por tanto terror ciego, por tanto terrorista cabrón. Y sí, sé que ahí sigue nuestro presidente favorito, quien nos ha iluminado con lo que debe considerarse tortura y con lo que no. Si a uno le reducen a ceniza los genitales con descargas eléctricas, eso es tortura, porque se producen daños irreversibles; si le dan unos chapuzones en un barreño de heces puede ser un simple método de interrogatorio, necesario para sacarle la verdad. No sé usted, pero yo me quedo mucho más tranquilo. Y ahí están… Pero no, dejémoslo, ya digo que en la cabeza del columnista caen las primeras hojas y con el ruido no sabría distinguir un adverbio de una conjunción copulativa.

 

El Día de Cuenca
04 de octubre de 2006.