Paco Mora. MARIONETAS EN LA CUERDA

Marionetas en la cuerda

 

Ante el espectáculo que ofrecen los políticos catalanes metidos en campaña, más o menos a la altura intelectual de las casposas funciones del teatro de Manolita Chen que encandilaba a nuestros mayores, a uno le tienta sembrar de chistes catalanicidas su columna (la verdad es que nos lo ponen a huevo), pero reflexionando concluye que semejante politiqueo no es más que un reflejo de la política que asola todo el país. Ver a los capitostes catalanes convertidos en dibujos animados de un juego tonto de ordenador o en títeres de otro juego virtual en el que corren tras la poltrona que los situará en el poder, da la rasa medida de nuestra clase política. Pocas veces profesión tan noble ha sido ejercida por tanto mediocre. Pocas veces tanto vocinglero junto, tanta chabacanería y crispación, tanta payasada, mala uva y juego sucio. Qué pena. Y qué desprestigio. Y hablo de los unos y de los otros, de los de más allá y de los de en medio. Sería para reír, si no fuera porque en sus manos guardan todo lo que nos concierne. Y lo malbaratan. E insultan la inteligencia del pueblo soberano. A mi pesar, y por pura higiene democrática, debo darle la razón a Saramago y soñar con ese día en que gane unas elecciones por abrumadora mayoría el voto en blanco. Quizá así aprenderían y puede que –sigamos soñando- rectificasen. Claro que aquí cada cual vota cerrilmente a “los suyos”, ya sea su candidato Perico el de los Palotes, el Tonto del Bote o Abundio, aquél infeliz, ¿se acuerdan?, que vendió el coche para comprar gasolina. Y así nos va.

 

El Día de Cuenca
25 de octubre de 2006.