Paco Mora. MELANCOLÍA

Melancolía

 

Mi primo Josefillo, desde chaval, ya apuntaba. Un buen día te soltaba por las buenas: la gripe es una enfermedad del alma. Y al rato, como el que no quiere la cosa, escupía: los virus del corazón se incuban en la cabeza. Siempre fue un bicho raro. Aunque bien es verdad que sabía más que nadie de los vaivenes del alma y de las asechanzas del corazón. Y sobre todo de sus achaques y trastornos. No hubo un solo mal que no probase en carne propia. Me refiero, claro está, a esos males que gobiernan la esquina del cerebro donde anidan las ideas extraviadas y los sueños contrariados. Con el tiempo, ya mozo, mi primo Josefillo pareció recuperar la salud, se conoce que había agotado todos los estadios de la “bilis negra”, que dijera Hipócrates, y solo de tarde en tarde caía en melancolías que podían achacarse más a una costumbre o querencia del cuerpo que a otra cosa.
La recaída de mi primo fue sin duda culpa de la sobreinformación que nos acogota en este mundo globalizado. Apenas supimos de astenias primaverales, depresiones posvacacionales, síndromes de la vuelta al cole, morriñas navideñas o trastornos afectivo-estacionales (léase depresión otoñal), mi primo Josefillo se sumió en una pena negra perpetua, abrumado por las circunstancias. Murió el pasado agosto bajo las ruedas de un tractor cuando hacía turismo rural en Soria, atormentado por la depre de caballo que le esperaba al regreso de sus vacaciones. Valgan estas palabras de homenaje a su corazón aterido y a su alma en carne viva.

 

El Día de Cuenca
08 de noviembre de 2006.