Paco Mora. NUEVA ESPECIE

Nueva especie

 

Nunca nos cansaremos de escribir las mismas cosas, aun a riesgo de parecer pesados. Jamás cejaremos en un empeño que se nos antoja un deber moral, por más que se agoten las ideas, el fuelle, las frases y hayamos de repetir, casi palabra por palabra, lo ya dicho otras veces: triste destino el de las palabras, que poco o nada pueden ante el empuje arrebatador de la vida; menos todavía frente al absurdo y la devastación de la muerte.
Todos fuimos testigos en vivo y en directo, hace unos días, del brutal episodio acaecido en Iraq (maldita guerra) cuando una turba de ciudadanos de Faluya, una horda histérica, iracunda, ciega y borracha de violencia apaleó, descuartizó y después linchó los cadáveres calcinados de cuatro civiles americanos que acababan de sufrir el ataque letal de una guerrilla urbana. Pocas imágenes sobre violencia extrema tan salvajes y desoladoras, tan escalofriantes, tan sinsentido. Lo curioso es que la masa furibunda consumaba la escabechina al grito de "¡Viva el Islam!", pero el Islam prohíbe profanar los cadáveres. De inmediato, la televisión nos mostraba a cuatro integristas encapuchados, fusil en mano, pronunciando una de las frases más espantosas y sucias que uno haya escuchado nunca: "Tú no aprietas el gatillo, lo hace Dios por ti". Y casi sin solución de continuidad se informaba de otro suceso espeluznante, esta vez ocurrido a las puertas de casa, en Granada: un hombre pasaba con su coche por encima del cuerpo de su mujer varias veces, alevosamente y con saña, hasta quitarle la vida.
Nada nuevo, lector amigo, ya ves. Sin esfuerzo tú podrás recordar decenas de carnicerías similares. Mira los sucesos de Leganés o el recrudecimiento de la susodicha guerra iraquí en los últimos días. Pero lo terrible del caso es que las que ahora denuncio son ya viejas, material caducado en apenas dos semanas. En un rincón ignoto del globo terráqueo otra turba enloquecida ha perpetrado, o planea perpetrar mientras esto escribo, alguna salvajada similar. Tras la puerta de nuestros vecinos de rellano tal vez alguien afila un cuchillo, con una obscena mirada puesta en el dormitorio conyugal.
Toda reflexión y toda medida para atajar la violencia y la guerra serán siempre pocas. Aunque quizá estos modernos bárbaros sean una mutación y estemos asistiendo al nacimiento de una nueva especie animal, depredadora y carroñera, pero ocurre que no nos damos cuenta porque está moldeada con nuestro mismo barro.

 

El Día de Cuenca
14 de abril de 2004.