Paco Mora. SONSONETES

Sonsonetes

 

Mi amigo Sebastián anda esta tarde un poco espeso. Acodados en la barra de nuestro bar de siempre desgrana una retahíla de topicazos sobre la Navidad que desafían mi natural inclinación al bostezo y a la lágrima tonta. “Pues sí”, parlotea, “estoy hasta la coronilla de tanto mensaje almibarado, de tanta Navidad untada en merengue por los cortesingleses de turno, ¡y lo que nos queda! Y es que, chico, no puedes mirar hacia ningún lado sin que un sujeto, o una sujeta, de sonrisa profidén te venda espíritu navideño a espuertas, en frascos de diseño, claro. Y si te alcanza la cartera. El otro día, en el retrete de un bar, al dar la luz comenzaron a sonar a todo trapo los «peces en el río», un susto, oye. Lo peor es que al salir el dueño, muy misterioso, me dice que al día siguiente le instalaban en la cisterna un dispositivo que iba a ser la sensación del barrio. No he vuelto. Qué quieres, no tiene uno el corazón ya para tiovivos. Igual tiras de la cadena y salta del váter un papá Noel bailando joticas serranas”. “Bueno”, le digo yo para picarlo, “tampoco es para tanto, y además, no hay mal que por bien no venga, con los sonsonetes de la Navidad se apagan otros como el de la Semana Santa, que ese sí que dura todo el año”. Sebastián, semanasantero de pro, salta de su taburete, me mira un instante con odio y, dándome la espalda, se pone a ver la tele. La niña del anuncio, henchida de espíritu navideño, mira embelesada cómo una muñeca hace caca en su pañalito.

 

El Día de Cuenca
29 de noviembre de 2006.