Paco Mora. LA CARTA

La carta

 

Un año más mis vecinos me han elegido escribano de la carta que mancomunadamente enviamos a los Reyes Magos. No he podido negarme, pero esta vez he puesto como condición que me ayude a redactarla Laurita, la propietaria del 3º A. Laurita es soltera porque le da la gana, o sea, como uno, aunque uno tenga pocas ganas de seguir siéndolo. Llevamos un par de días juntándonos en ratos perdidos pero la verdad es que todavía no hemos escrito una sola línea. Se nos va el tiempo hablando de esto y de lo otro y bebiendo chupitos de un aguardiente de hierbas que elabora ella misma y sabe a gloria bendita. De todas formas, aun sin el aguardiente, es difícil ponerse a la tarea. Cómo eludir esa respiración tan honda de Laurita que da a sus pechos un balanceo de vértigo, cómo sustraerse a sus labios morrocotudos y al largo carril de unas piernas que ella sabe desvestir como nadie con esas medias de redecilla donde podría enredarse el pescador más avezado. En fin. El caso es que en estas seguimos, sin vender una escoba. Aunque te advierto que mejor: este año a los vecinos se les ha ido la olla y piden las cosas más disparatadas, cuando en rigor todos deberíamos recibir carbón, porque hay que ver cómo tenemos los asuntos de la comunidad, qué dejadez. Así que creo que lo haremos. Pediremos carbón a tutiplén, para que aprendan. Lo malo es mi novia –con la que salgo desde hace casi cuarenta años-, cómo explicarle que el regalo que le había prometido se balancea acompasadamente en el canalillo oreadísimo de mi vecina Laurita.

 

El Día de Cuenca
03 de enero de 2007.