Paco Mora. VIVIMOS DE MILAGRO

Vivimos de milagro

 

Conmovedora noticia. Uno, que algo sabe de esto, siente que aunque al final todo se lo llevará la trampa, la vida es maravillosa, hermosa hasta doler. Una vez dije en un verso que a la vida no se le notan las costuras. Y es que difícilmente puede haber hilván sin hilo. Hablo del misterio, de aquello que todavía se nos escapa y nos hace caer y equivocarnos y, en definitiva, nos vuelve vulnerables, frágilmente humanos.
La noticia a la que me refiero saltó hace unos días a los medios y daba cuenta del nacimiento de Noah Benton Markham, un bebé que habría pasado desapercibido de no ser porque, a pesar de ser un recién nacido, contaba ya con una larga y épica historia detrás; una historia que nos enseña que más allá del dolor y de la muerte, a veces prende una luz.
Cuando hace más de un año el huracán “Katrina” arrasó Nueva Orleans, sembrando de cadáveres (pobres y negros sobre todo, claro) el lodazal en que se convirtieron calles y edificios, alguien, un alma de Dios sin duda, reparó en que el hospital Lakeland guardaba más de mil embriones congelados y decidió que, entre tanta devastación, merecía la pena arriesgarse por intentar salvar de las furiosas aguas aquellas promesas de vida futura. El resultado de aquel rescate es Noah (Noé en castellano) que, aunque cierre los ojos ante el fotógrafo y frunza el ceño y haga pucheros, nos recuerda con su menuda presencia que la vida siempre será un milagro extraordinario. Lástima que, luego, administremos tan rematadamente mal un don tan hermoso.

 

El Día de Cuenca
24 de enero de 2007.