Paco Mora. RESORTERAS

Resorteras

 

Por entonces, como los juguetes escaseaban y el escenario de nuestros ocios era la calle, los chavales quemábamos las tardes entre juegos más bien simples y borricos: tras el pillao, la dola, la taba, el gua y el churro, nuestras distracciones recurrentes eran las batallas de piedras y cazar pájaros con el gomero, o sea, con esa horquilla con gomas a la que los finolis de la ciudad llamaban tirachinas. A mí lo de andar a cantazos no me hacía gracia, sobre todo porque dada mi poca pericia para esquivar las pedradas casi siempre salía escalabrado; y lo de abrirles la cabeza a gomerazo limpio a las avecillas del campo me daba yuyu, qué quieren. Pero dejemos la prehistoria. Si se me ha despertado el magín de aquellos años es por la noticia tan chusca que trae el periódico: en Tijuana los policías –desarmados al sospecharse su connivencia con las mafias criminales- en vez de pistolas ahora llevan resorteras, es decir, tirachinas en mejicano. La noticia, dicha así de sopetón, da risa, y más viendo la foto de esos dos guardias fondones y sonrientes pertrechados con sus nuevas armas. Lo que ocurre es que Tijuana es una ciudad en extremo violenta, peligrosa y corrupta, y uno piensa que poco poder de disuasión puede tener una resortera. Aunque bien mirado, quizá el modelo sea exportable: nuestros agentes tal vez ganarían mucho en humor y cercanía si en la cartuchera guardaran un simple gomero. Después de todo, para vencer a Goliat, David no precisó más que ingenio y puntería. Y una piedra, claro.

 

El Día de Cuenca
31 de enero de 2007.