Paco Mora. CULOS

Culos

 

Cumplida una semana larga del fin de nuestra Semana Santa, se suceden las recapitulaciones sobre la misma y uno observa que, como viene siendo habitual año tras año, las opiniones elogiosas y laudatorias inundan los "medios", algo muy natural en una ciudad con un sentido crítico -no digamos ya autocrítico- escaso. Y siendo verdad que las luces de la fiesta son muchas, no lo es menos que las sombras suben enteros cada vez. Me refiero a la larga noche del jueves al viernes santo, noche que no dudo en calificar como la de los borrachos. Sé que incurro en incorrección política diciendo esto, pero las cosas están como están y por más que a la procesión de madrugada la llamemos "de las turbas", la noche sigue siendo, insisto, de los borrachos. A las pruebas me remito. La calle donde uno vive (servidumbres de una calle céntrica pero poco transitada) tradicionalmente sirve de improvisado váter para los flojos de esfínter. A uno no le parece ni bien ni mal que cada cual ahogue a sus hematíes en el alcohol que más le plazca, siempre que sepa mear; ahora bien, lo de mi calle este año ha sido de antología. El recital de traseros femeninos en ristre vertiendo aguas en cada centímetro de acera y de calzada impresionaba. No es mi intención dejar a Cuenca y a sus gentes con el culo al aire, pero es que a poco que uno se asomara a la ventana asistía incrédulo a un permanente espectáculo de culos solitarios y en comandita, culos intonsos, pelones y rasurados, al bies, con cara y cruz y de canto, culos fondones, desfondados, estrábicos e insurgentes, de toma pan y moja y contrariados, culos con retranca, rezongones y recauchutados, escaldados, casquivanos, amojamados, amandrilados y elefantiásicos, culos sin ton, culos sin son, al pairo y al tuntún… En fin, y así hasta ciento: todo un festín de culos beodos. Excuso reflejar aquí los efluvios que aromaban el sueño vecinal, de suyo amenizado por el ay que le da que le da de la intempestiva tamborrada. Nada, sin embargo, comparable al aspecto que presentaba el portal de mi casa: a la papilla de vomitonas, lapos, orín y detritus de costumbre, este año se ha agregado una bonita mierda, una mierda choricera, turgente y lustrosa de al menos medio kilo. El problema es que los vecinos, conscientes de que estas pintorescas prácticas pertenecen ya al acervo cultural de nuestra ciudad, no sabemos si poner la mierda en una hornacina o dejarla secar al sol. Todos ardemos en de-seos, eso sí, de que el año pase rápido, por ver qué buena nueva traerá al portal en el 2005 la noche más larga y mágica de Cuenca.

 

El Día de Cuenca
21 de abril de 2004.