Paco Mora. GABO

Gabo

 

Lo primero que uno recuerda haber leído de Gabriel García Márquez, allá por los años 70 de la pasada centuria, es un tomito de cuentos titulado “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada”. Desde aquellos días felices el libro figura entre los que prefiero. Jamás olvidaré la historia, narrada con esa prosa rítmica, jugosa, llena de matices y color, de aquel viejo afligido que viene a dar con sus alas enormes en el barro, o la de Esteban, el ahogado más hermoso del mundo, por no mencionar la de Eréndira, la desvalida niña obligada a prostituirse para saldar una deuda infame con su abuela. Como es de suponer, tras revelárseme aquella prosa fabulosa, poderosísima, –uno de los tres o cuatro descubrimientos literarios, con permiso de Kafka, Chéjov y Stevenson, que me cambiaron la vida- devoré en tiempo récord todo lo publicado por el mágico colombiano, empezando por esa obra maestra de la literatura de todos los tiempos que es “Cien años de soledad”, una novela que, llegado el punto final, debí empezar a leer de inmediato otra vez desde el principio, incrédulo y arrebatado porque alguien pudiera escribir así, porque fuera capaz de sacar tanta música y tanta luz de las palabras, hasta hacer que a sus lectores nos supieran a gloria bendita. Ayer, Gabo cumplió 80 años. Felicidades y gracias, maestro. Ahora que hemos leído (casi) todo lo suyo, cómo envidio a ese joven que hoy lee por vez primera uno de sus libros. Qué no daría yo por volver a sentir aquel deslumbramiento primigenio.

 

El Día de Cuenca
07 de marzo de 2007.