Paco Mora. MARTES SANTO

Martes Santo

 

Mi amigo Sebastián es pesado, cargante e, incluso a veces, faltón. A mi amigo Sebastián, cuando se embala, le entra el baile de san vito y tiene la bonita facultad de pegarte su mucha inquietud y que te entren como hormigas en la tripa. Además tira a feo y a chaparro, tiende al desaliño y, por lo común, es difícil compartir con él, más que nada por plasta, sus constantes desatinos verbales. En mi amigo Sebastián, en fin, todo cliché o lugar común encuentra acomodo y, si me apuran, casa, cuna y ataúd. Pero tiene un fondo que ya quisiera para sí la sima más profunda y cuando, como esta mañana, está contento de verdad tiene una luz tan limpia en la mirada que podría iluminar el cuarto más oscuro. Apurando el aperitivo en nuestro bar de siempre me ha dicho: "Sí, ya sé que los "plumillas" ponéis vuestros reparos, ya sé que no es oro todo lo que reluce y hay mucha tontuna y demasiado folclore, y hasta brotes de fanatismo a erradicar, pero dejando a un lado todo eso, ¿tú no te has dado cuenta que en esta semana que empieza el aire de Cuenca se vuelve distinto, que trae esencias dulcísimas que no percibimos en otro tiempo, que es mejor y más claro y más nuestro? Cuento las horas que faltan para procesionar junto a mi Magdalena esta tarde, porque ¿cómo se conjuga un sentimiento, amigo mío?". No he podido decir nada. Por una vez me ha dado envidia Sebastián, no porque él conserve una ilusión que a mí me falta, sino porque en sus ojos he visto toda la luz y la inocencia de mi infancia.

 

El Día de Cuenca
04 de abril de 2007.