Paco Mora. ¿BORRACHO YO?, TURURÚ

¿Borracho yo?, tururú

 

He esperado prudentemente diez días desde el final de la Semana Santa por ver los análisis que de la misma hacían nuestros analistas semanasanteros. Nueva decepción. Aparte de las loas de rigor en prosa más o menos festoneada, el escaso debate se centra en lo de siempre: que si los desfiles por aquí o por acullá, que si el lío de las turbas, que si el ritmo procesional, tan plúmbeo… etcétera. Pero seguimos pacatamente sin meter el dedo en la llaga. Y hay que decirlo alto y claro: la noche y la madrugada del Jueves al Viernes Santo es la de los borrachos. Consentimos el mayor macrobotellón del año, la gran cogorza colectiva, mientras miramos para otro lado. ¿Y luego nos irrita que alguna universidad de Madrid aparezca empapelada de carteles en los que se ofrecen autocares y litronas para acudir a la "procesión de los borrachos" de Cuenca? A mí la cosa me traería al fresco si no fuera porque esta es mi ciudad y, dicho sea de paso, por los daños colaterales. Año tras año mi portal sufre una larga ristra de detritus, meadas y vomitonas, pero esta vez aún ha sido peor: los santos bebedores han destrozado la puerta a coces. No voy a quejarme. A fin de cuentas una cosa son las procesiones y otra el maldito equívoco que rodea al "fenómeno turbas". Solo desearía que, ahora que entramos en campaña, nuestros candidatos locales incluyeran en su programa electoral la promesa de una pequeña partida presupuestaria para ayudar a las vecindades en la reparación de desperfectos. La noche más "mágica" de Cuenca bien lo merece, ¿no?.

 

El Día de Cuenca
18 de abril de 2007.