Paco Mora. VIOLENCIA

Violencia

 

Decir que el hombre es un lobo para el hombre o que somos más malos que el bicho que le picó al tren es caer en el lugar común, por más que, desde la noche de los tiempos, sea esta una realidad indubitable que ha marcado el devenir de nuestra mezquina existencia. Pero resulta cada día más patente que en esta sociedad en la que vivimos, lejos de avanzar en los utópicos presupuestos dieciochescos, que asentaban en la fraternidad universal uno de los pilares sobre los que modelar al hombre nuevo, nos hallamos inmersos en una vorágine de violencia sin cuento. Aparte de la aberración de la guerra, una masacre sin fin en sabe Dios cuántos lugares del planeta, del sinsentido de un terrorismo cada vez más cruel y despiadado, de la sistemática violencia ejercida a porrillo contra mujeres y niños, etcétera, lo más preocupante es que en nuestra vida cotidiana los niveles de agresividad se han multiplicado por mil. Todos lo vemos a diario, en la calle, en la tele, en los videojuegos, en el coche, en el trabajo… pero nos movemos entre esa violencia latente como peces en el agua, porque nos hemos acostumbrado, porque agachamos la mirada, porque acabaremos viéndolo natural, o inevitable. Y no. Luego, nos escandalizamos ante matanzas como la ocurrida en la universidad de Virginia –nuestro modelo de sociedad es un calco del estadounidense, claro-, cuando cada día nos desayunamos con un centenar de muertos en Iraq, por ejemplo, y seguimos tomándonos el café tan campantes. Y ni se nos agria en el buche, oye.

 

El Día de Cuenca
25 de abril de 2007.