Paco Mora. EL MÓVIL

El móvil

 

Querida niña: sé que ya debería estar curado de espanto. Que los periódicos y la tele me lo han servido mil veces a la hora del desayuno, a la del almuerzo, durante la siesta o en mitad de la noche cerrada. Mis ojos han visto las imágenes más espeluznantes: cómo se linchaba a un hombre, se arrancaba la piel a tiras a una mujer o se prendía fuego a un muchacho. Pero mis ojos no se acostumbran. Desde que dieron en televisión, hace unos días, las imágenes de tu lapidación (eras una chica kurda de 16 años, casi una niña) tengo el corazón en el estómago, de modo que he decidido traer tu martirio a mi columna por ver si amarga menos la bilis. Siempre la barbarie, la violencia extrema ejercida contra un ser humano nos parte el alma, pero cuando, como en tu caso, los que la practican son los propios familiares de la víctima (y una víctima, no lo olvides, siempre es inocente), el alma salta por los aires hecha trizas. Lo más perverso de todo es que hemos conocido esas imágenes porque uno de tus verdugos, qué infamia, quiso dejar constancia en su teléfono móvil de tu tortura, agonía y muerte. Y qué curioso, en tu país depauperado, donde tantas veces falta lo más básico, los móviles de última generación son de uso común. No sé (no quiero saber) qué metáfora diabólica es esta que une un móvil del siglo XXI con una práctica salvaje (la lapidación) de hace miles de años. Perdónanos, pobre niña víctima. Tengo escrito (y no voy a desdecirme) que el móvil un día nos volverá más tontos. No me atrevo a pensar que también más viles.

 

El Día de Cuenca
16 de mayo de 2007.