Paco Mora. CASADAS Y CASADERAS

Casadas y casaderas

 

Dice el tópico que cuando dos se casan comienza su labor de zapa la desidia, esa dejadez que acabará con el que fuimos para situarnos de por vida frente al que no quisimos ser. Así, mientras ella alimenta flotadores y cartucheras, él ceba con paciencia y esmero su panza cervecera y su alopecia, y los dos, jijí jajá, tan telendos; claro que mirando de soslayo y con envidia tiña a esos tipos nocilla y a esas sujetas bollicao que representan el puro palmito de la soltería. Y sin embargo, oh paradoja, un reciente estudio demuestra que las mujeres casadas (sobre todo las mediterráneas) son el colectivo humano que goza de mejor salud. Chúpate esa. La investigación apunta diversas causas que sería fatigoso desgranar aquí, pero obvia algunas variables que convendría matizar. Porque no debe ser igual estar casada con un yorscluni que con un misterbín, con un hombre de gimnasio y clembuterol que con uno de mando a distancia y sillombol, con un tipo bien dotado (también económicamente) que con un chisgarabís sin dotación (ni dote). En fin. Estoy convencido, además, de que si estos estudiosos hubieran conocido a mi amiga Pepi Sansegundo (y a las mil pepissansegundo que andan por ahí) quizá los resultados fueran otros. Decía mi amiga que a ella ni la edad ni los malos hábitos, no, lo que la envejecía era su marido. Y debe ser verdad, porque a sus cuarenta y once, viuda desde hace dos, parece hoy una jovencita casadera rebosante de salud con más escote que vergüenza. Una gozada, oyes.

 

El Día de Cuenca
20 de junio de 2007.