Paco Mora. CUENTOS DE VERANO (III). LLÁMAME NADIE.

Cuentos de verano (III)
[Llámame nadie ]

 

Al despertar, Juan se notó un poco espeso. Saltó de la cama, tomó una ducha rápida, se vistió y salió de casa. En el autobús le invadió una inquietante sensación de extrañamiento. Si uno coge el bus todos los días a la misma hora viaja siempre con las mismas personas, pero si se retrasa unos minutos y tiene que esperar el siguiente se verá rodeado de desconocidos. Miró el reloj. La hora de todos los días pero ningún viajero de los habituales. Se apeó frente al edificio de la Asesoría y se dirigió a su oficina. Tras su mesa de trabajo encontró a un tipo bermejo que le preguntó si deseaba algo. Esta es mi mesa, balbució. Tras quince minutos de pesadilla, los de seguridad lo habían puesto de patitas en la calle. No puede ser verdad, se dijo aturdido, yo no estoy loco, si trabajo aquí desde hace tres años cómo no va a conocerme nadie. Mientras caminaba sin rumbo llamó por el móvil a Lola, su novia. No le dejó hablar. Ella no salía con ningún Juan. Es un mal sueño, pensó, en unos minutos despertaré y todo habrá acabado. Decidió regresar a casa. En la puerta de entrada una placa anunciaba: Saturnino Rosales, estomatólogo. No le hizo falta comprobar que el llavín no encajaba en la cerradura. Vagó todo el día por ahí, noqueado. Ya de noche, entró en un pub. Intentaría ahogar en alcohol su espanto. Cuando, más tarde, reconoció a su espalda la voz de Lola lo comprendió todo. "Llámame Nadie", le dijo sin volverse a mirarla, "te veré en tus sueños". Y enfiló la puerta de salida.

 

El Día de Cuenca
18 de julio de 2007.