Paco Mora. CUENTOS DE VERANO (IV). EL HOMBRE MENGUANTE.

Cuentos de verano (IV)
[El hombre menguante ]

 

Lo venía observando las últimas semanas. O la ropa de su bien surtido armario daba de sí misteriosamente o él menguaba a ojos vistas. Al cabo de unos meses visitaba a los más prestigiosos médicos del país. Había pasado de medir 1,84 a 1,69, decía, y lo que era más grave, las mermas en su estatura avanzaban inexorables. Los médicos le aconsejaron que consultara a un psiquiatra pues físicamente estaba como una rosa. El día en que su talla bajó del metro y medio decidió recluirse en su imponente mansión de rico heredero. Se tallaba a todas horas con los más sofisticados aparatos de medición que había mandado traer de las cinco esquinas del globo. Una mañana cayó en sus manos el libro de un autor ocultista del siglo XVIII en el que se hablaba de "palabras malditas". Ahí se le reveló el origen de su mal. Cuando descubrió la palabra causante de su desgracia apenas alcanzaba los ochenta centímetros. Con no pronunciarla más retrasaré el proceso, se dijo, ¿pero cómo evitar pensarla o soñarla? Si todo veneno guarda en su composición su propio antídoto, la solución la encontraría en otra palabra, pero cuál. Debía darse prisa, pronto sería tan pequeño que no podría valerse por sí mismo. Así que cogió el diccionario, se acomodó en un sillón y comenzó a leer: "a. Primera letra del abecedario español…" No quiso oír el inequívoco chasquido de sus huesos que anunciaba una nueva merma, quizá de varios milímetros y, obviando el gesto de conmiseración de su padre, siguió leyendo.

 

El Día de Cuenca
25 de julio de 2007.