Paco Mora. CUENTOS DE VERANO (VII). LA CASA.

Cuentos de verano (VII)
[La casa ]

 

Eva ha tenido siempre el mismo sueño. Una casa más grande. El cuchitril donde vivimos, de apenas cuarenta metros, a veces se nos cae encima. Y eso que estamos solos. Si tuviéramos un hijo no sé lo que sería. Hace unos años aún nos ilusionaba la idea de mejorar, pero la vida nos ha golpeado duro. Todo ha salido mal. Con llegar a fin de mes sin tener que empeñar un pedazo del alma ya nos vale. Supongo que, aunque nos queremos mucho, nos hemos convertido en dos seres grises, pegados al suelo, incapaces de elevar un sueño más allá del ombligo. Por eso me cuesta digerir lo que está pasando. Porque soñar hace daño, he renunciado a los sueños. Pero el caso es que ayer -Eva había salido- cuando realizaba el cotidiano acto de franquear la puerta que separa el salón de la cocina, de repente, en vez entrar efectivamente en nuestra angosta cocina me vi en un lujoso salón palaciego. Asustado, volví sobre mis pasos. Eva, por supuesto, no me creyó. Inténtalo, le dije. Al cabo de dos minutos regresaba ella con cara de idiota. Volvamos, me propuso un rato después. Primero pasó ella. La seguí. Lo más extraño es que, esta vez, en lugar de en un salón palaciego di en un hermoso jardín. Y Eva no estaba allí. No sé el tiempo que llevo vagando de habitación en habitación. Solo. Imagino que ella andará igual, por otras estancias. He intentado regresar a nuestra casa, pero no encuentro la puerta adecuada. Me muero a chorros. Pensar que he podido perder a Eva para siempre me está matando.

 

El Día de Cuenca
15 de agosto de 2007.