Paco Mora. CUENTOS DE VERANO (VIII). AZUL MARINO.

Cuentos de verano (VIII)
[Azul marino ]

 

A las 6h45 suena el despertador, pero el hombre del traje azul marino ya está en el baño, aseándose. A las 7h42 el hombre del traje azul marino desayuna en la cafetería adyacente al ministerio; luego se permite, recreándose en cada calada, el primero de los cuatro cigarrillos que fuma cada día. Ficha, como todas las mañanas desde hace veintiocho años, a las 7h56 y al cabo de la jornada despacha 17 oficios, 4 expedientes y, según el caso, entre 2 y 5 informes. Después de comer en la taberna habitual regresa a casa y se echa una siesta de treinta minutos. El resto de la tarde, hasta las seis, lo dedica a leer la prensa. A esa hora, como todos los primeros jueves de cada mes, se dirige a la floristería de la esquina, compra un ramo de claveles, toma el autobús número 4 y se apea en el cementerio. La visita a la tumba de su madre es corta, de modo que poco después de las siete está de vuelta en casa. Hoy con los nervios empezando a arrugarle el estómago. Las tres horas siguientes las emplea en disponerlo todo minuciosamente: el dinero, el disco, el liguero, las medias… El timbre de la puerta suena a las diez en punto. Cuando ve a La Yénifer vestida con uno de sus trajes azul marino diciendo: "subinspector de hacienda Morales, vengo por lo de la auditoría, señorita", siente que se le abren las carnes. Con los primeros compases del bolero de Machín -cuándo aprenderá a controlar sus sentimientos- dos lágrimas furtivas le ponen las mejillas perdidas de rímel.

 

El Día de Cuenca
22 de agosto de 2007.