Paco Mora. CUENTOS DE VERANO (Y IX). GRIS MARENGO.

Cuentos de verano (y IX)
[Gris marengo ]

 

La mujer del traje de chaqueta gris marengo camina entre los expositores con la seguridad y la soltura que otorga la experiencia y con ese punto de desdén de quien se sabe dueño de sí mismo. Es jefa de planta en unos grandes almacenes, por vocación y soltera por devoción. A sus ocasionales ligues jamás les concede una segunda cita, acabe la noche como acabe: de rojo satén apasionado o susurrándole a la almohada la triste salmodia de un nuevo fiasco. Aunque tenga que morderse las ganas. Caer en esa debilidad significaría ceder. Y de ceder a dar una copia de la llave de tu casa hay un solo paso. Y eso que, igual que le rondan moscones, abejorros y hasta mosquitos del vinagre, que tiene que sacarse de encima a gorrazos, no le faltan galanteadores de fina estampa que por ella beberían la cicuta. Sin embargo, desde hace un par de semanas, la mujer del traje de chaqueta gris marengo tiene mariposas en el estómago. Ella se niega a admitirlo, pero la presencia del hombre del traje azul marino en la cafetería –diez minutos cada día, a las diez en punto- la tiene arrobada. Jamás han cruzado palabra pero secretamente espera esa hora, inquieta, todas las mañanas. Por eso cuando hoy no lo ha visto en su taburete le ha dado un vuelco el corazón. Tragándose su orgullo ha preguntado a los camareros por él. Debe estar equivocada, le dicen, ese hombre no ha estado nunca aquí. Entonces, la mujer ha cerrado los ojos y mascando las palabras: ¡mi café!, gime.

 

El Día de Cuenca
29 de agosto de 2007.