Paco Mora. DINERO PODRIDO

Dinero podrido

 

No hace mucho moría la dueña de una cadena de hoteles, una vieja más bien pelleja y milloneada de cuyo nombre no quiero acordarme. Imagina uno que sus deudos, derramadas las lagrimitas de rigor, andarían frotándose las manos ante la indecente cantidad de dinero que, por herencia, les aguardaba. Pero hete aquí que, abierto el testamento de la multimillonaria, se han encontrado con una heredera con la que no contaban, pues la impar ancianita ha donado a su perra la fruslería de nueve millones de euros, para que mientras viva la chucha sea atendida a cuerpo de reina (de reina perra, se entiende) y para que a su muerte se la honre con unos funerales caninos que ya quisieran para sí algunos capitostes humanoides y sea enterrada en un panteón faraónico. A la gente tan retorcidamente podrida de dinero habría que prohibirla por ley. Y convendrán conmigo que cosas así son una infamia contra el género humano y, como tales, deberían estar tipificadas como crímenes de lesa humanidad. Decía una periodista que alguien tendría que hacer la caridad de secuestrar a esa perra y destinar el rescate a la lucha contra la malaria, por ejemplo. Yo añado lo que decía mi madre, que el dinero como los ajos: al año, los que no te has comido, podridos. Supongo, si hay infierno fuera de esta tierra, que los no sé cuantos miles de personas que morían de hambruna a la misma hora que la millonaria estarán encantadas de ayudar a Pero Botero a atizar la lumbre de sus calderas. Con ella dentro, claro.

 

El Día de Cuenca
12 de septiembre de 2007.