Paco Mora. DE UN LUGAR REMOTO

De un lugar remoto

 

La pasada semana los rusos probaban con “éxito” una nueva bomba, un impresionante misil al que, en un arranque de ingenio onomástico, han bautizado como “el padre de todas las bombas”, por contraposición a “la madre de todas las bombas”, infame proyectil estadounidense considerado, hasta ahora, el más potente, mortífero y devastador de cuantos la inteligencia humana había inventado para su propia aniquilación. Los rusos han tenido la delicadeza de probar la bomba en un “lugar remoto” de su mismo país y se han puesto como unas castañuelas porque cumple todas sus expectativas: la bomba es cuatro veces más destructiva que la americana –un horror cuadruplicado inimaginable- pero ojo, y ahí está el detalle, es respetuosa con el medio ambiente. Resulta patético el grado de retorcimiento al que podemos someter a la lengua. Si es más que dudoso considerar un éxito inventar y explotar una bomba apocalíptica, lo de “respetuosa con el medio ambiente” suena ya a broma macabra. El pepino en cuestión, allá donde cae hace desaparecer, volatiliza materialmente todo lo que se menea en kilómetros a la redonda, dejando el lugar convertido en un paisaje lunar donde jamás volverá a crecer la yerba, pero no emite radiación ninguna, el aire permanece incontaminado. O sea, que podemos estar tranquilos. Cuando el planeta entero sea un terrón calcinado –todas las especies vivas exterminadas- reducidos a partículas microscópicas respiraremos aire limpio eternamente. Chúpate esa.

 

El Día de Cuenca
19 de septiembre de 2007.