Paco Mora. ARTE Y ESCATOLOGÍA

Arte y escatología

 

Está decidido. La poesía, el cuento, la columna son parientes pobres que a uno apenas le procuran unas migajas. Así que mudo de chaqueta: en adelante, en cuanto recorte ciertos flecos, mi nombre habrá de asociarse a las artes plásticas, (ultramodernas, se entiende). Que tiemble el millonario Damien Hirst, o la millonaria Tracy Emin, hoy un clásico de la Tate Gallery, que arrasó cuando expuso al público su cama deshecha atestada de colillas, condones y ropa interior, (vendió la escayola de cuando se rompió una pierna por 51.000 euros). Que tiemble el sin par Chris Ofili, que usa excremento de elefante en sus pinturas y se cubrió de gloria con el cuadro de una virgen negra pornógrafa. Y que tiemble Terence Koh, el chico de moda en el mercado del arte, que se embolsa al año más de un millón de dólares (y subiendo) gracias a los cachivaches que encuentra en rastros y sex shops y a los muy funcionales materiales que utiliza en la elaboración de sus obras: chocolate, lápiz de labios, vómito, sangre, semen… Le encanta el dinero, dice, tenerlo es la grasa que ayuda a que funcionen mis proyectos. Naderías. Los superaré a todos. Mi primera instalación consistirá en un gran espacio diáfano, ocupado exclusivamente por 1.111 mierdas pinchadas en un palo: una bonita alegoría sobre el caos, el universo y la presencia del hombre en la tierra. Me forro, seguro. Cuando resuelva el problema del olor y la textura. Porque lo que tengo claro es que una cosa es el arte y otra la escatología, faltaría más.

 

El Día de Cuenca
03 de octubre de 2007.