Paco Mora. HUELE A CHAMUSQUINA

Huele a chamusquina

 

La pregunta inmediata es: ¿por qué todo esto ahora? ¿A quién beneficia esta reciente oleada de nacionalismo o patriotismo extremo que padecemos? La pasada semana, Antonio Muñoz Molina (el término patriotismo extremo es suyo) nos alertaba en un magnífico artículo sobre los peligros que con frecuencia nos acechan en este sentido; y lo hacía con una coherencia intelectual y una decencia democrática de la que bien podría aprender la intelectualidad española, tan tibia y tan acostumbrada a mirar hacia otro lado. Por mi parte he de confesar mi incapacidad -será algo genético- para entender el fenómeno patriotero. Pero debo reconocer que me da mucho miedo. Yo veo a un patriota radical vascongado, catalán o españolista -tanto da- rojo de ira, con las venas del cuello hinchadas, gruñendo sus consignas excluyentes, rugiendo sus "razones" por cojones y un escalofrío me hiela la sangre. Porque se empieza llamando español y asesino a un escritor en la plaza de Sant Jaume, acogotando a la alcaldesa de una aldea vizcaína, vociferando ¡arriba España! en una calle de Madrid, se sigue quemando un retrato, un muñeco o una bandera, pintando una bala en la foto de la cabeza de un hombre y se acaba alimentando un incendio con una montaña de libros y reduciendo a ceniza al otro, o sea, a todo aquél susceptible de ser acusado de crimen de "leso patriotismo". Dan miedo. Sean cuatro gatos o cuatro mil. Con la pluralidad, con la democracia, con las libertades ni una broma ni media ni ninguna.

 

El Día de Cuenca
10 de octubre de 2007.