Paco Mora. POLÍTICOS

Políticos

 

Celebraban estos días los socialistas su llegada al poder en España hace 25 años, su primera victoria electoral desde antes de la guerra civil con aquel "por el cambio" tan ilusionante y que tantas expectativas despertó en millones de españoles. Por desgracia, con el tiempo aquellas ilusiones, a pesar de los logros conseguidos durante la larga etapa de gobierno felipista, fueron diluyéndose entre corruptelas y turbiedades, que dejaron un sabor amargo entre las buenas gentes que -por una vez- creyeron que en España podríamos gozar de cien años de honradez y decencia. ¡Qué candidez! Y a uno, echando la vista atrás, le ha asaltado una sospecha descorazonadora: desde que la democracia (bendita) es tal, o sea, de Adolfo Suárez acá, nuestra clase política no ha hecho sino bajar peldaños, legislatura tras legislatura; quiere decirse que nuestros políticos son cada día más mediocres, llámense Rajoy o Zapatero; por no mentar a los Carod y demás caterva de periféricos. La política española necesita con urgencia recuperar su dignidad maltrecha, abandonar de una vez el gallinero electoralista en el que la han convertido -chillón, "crispado", marrullero, manipulador- y volver por donde solía. Claro que quizá es pedir demasiado -los intereses de partido mandan- y Alphonse Karr, cuando dijo que "la talla de las estatuas disminuye alejándose de ellas; la de los hombres, aproximándose", pensaba, en realidad, en los políticos de su época. O de cualquier época.

 

El Día de Cuenca
31 de octubre de 2007.