Paco Mora. EL CARTEL

El cartel

 

Estaba cantado. Programar en la Facultad de Bellas Artes un ciclo de cine porno y anunciarlo con un cartel que muestra el primer plano de una vagina abierta en canal tenía que traer cola (con perdón). Y uno, que cree que cada cual es muy libre de organizar los cursos y ciclos que estime oportunos y de publicitarlos como mejor le parezca, considera que la polémica suscitada yerra en su enfoque. Veamos. Se ha dicho que el cartel de marras es un monumento al mal gusto. Cierto. Pero solo es un grano -uno más- en las toneladas de mal gusto entre las que nos refocilamos a diario sin rechistar: si damos crédito a los índices de audiencia de la televisión convendremos que nos tira la escatología, que en los hogares españoles gusta deglutir a mansalva la mierda de los programas basura que chorrean por sus cuatro esquinas nuestras cajas catódicas. Se ha polemizado sobre si, en rigor, puede considerarse un arte este subgénero cinematográfico. Pues no, al menos no en el 99,9 % de los casos, pero tampoco tienen nada de artístico los garabatos de muchos de nuestros pintores actuales y colgamos sus bodrios en las galerías de arte, sin que nadie desenmascare tanto camelo y tanta tomadura de pelo, quizá porque el del "arte" es un negocio fabuloso y quién va a retorcerle el pescuezo a su gallina de los huevos de oro. Se ha dicho que no es de recibo pagar con dineros públicos un cartel así. No, por la misma razón que no deberían salir del erario común otros muchos euros que, si bien se mira, se gastan contra nosotros mismos: léanse armas, subvenciones a empresas que envenenan impunemente nuestro aire y nuestros ríos, etcétera. Se ha comentado que el cartel es humillante y que atenta contra la dignidad de la mujer. Pues sí. Todo lo que sea reducir al ser humano a la mera cosa testicular lo degrada, sin duda, aunque todos los días vemos a porrillo ataques parecidos, y aún más duros, y nadie se rasga las vestiduras por ello, es más, si la agresión nos la sirve la tele a la hora del almuerzo -como suele- seguimos zampándonos nuestro filetito como si tal cosa. Se dice que los autores del cartel pretendían provocar. La monda. Con el libre acceso a Internet, pongamos, hoy no se escandaliza con algo así ni el abuelo Cebolleta. Una imagen provocadora sería, por ejemplo, la de un joven leyendo embelesado un libro de poemas de Antonio Machado en una plaza con botellón.
Pues con todo, lo verdaderamente intolerable, lo que espeluzna del cartel es que sea tan malo -viniendo de la Facultad que viene-, tan rematadamente hortera, vulgar y cursi. Lo de enmarcar la vagina en esos corazoncitos concéntricos no tiene precio. Ni de párvulos. Metan su foto de bodas o la cabeza de un chorlito, da igual, en un corazón así y verán que el efecto es el mismo: la risión, de vergüenza ajena. Los responsables del engendro, en penitencia, deberían tatuarse en lugar visible un bonito corazón de éstos que tan bien les salen, con la leyenda "Amor de Madre" rotulada debajo. Por horteras y cursis. O mejor no, no se les vaya a caer la cara de vergüenza y la tengamos.

 

El Día de Cuenca
19 de mayo de 2004.