Paco Mora. ENTRE RENGLONES

Entre renglones

 

Hace ahora seis años publiqué una columna, en este mismo diario, en la que trazaba un breve recorrido por el articulismo español. Pretendía con ello (bendita inocencia) justificar mi incorporación al gremio de los escribidores de periódico, esos vocingleros de salón de la prensa actual. Aquel artículo huidizo se me llenó entonces de animales domésticos, como un arca de Noé virtual y posmoderna. Así, a cada cual asigné su bicho, según su estampa y condición. Según su verbo, su adverbio y su estilográfica.
Un lustro y pico después, entre nuestros columnistas siguen abundando los gallos, las cacatúas y los pavorreales, las moscas cojoneras y los mosquitos trompeteros, las mariposas de agua y los gusanos de luz. Y aun los osos hormiguero y los escarabajos rinoceronte, que son el puro espíritu de la contradicción.
No podría ser de otra manera. Hoy como ayer el mundo camina por donde solía, a la intemperie y hecho unos zorros. Vamos de la pobreza a la miseria, de la hambruna al hambre, del terrorismo a la guerra, y de Aznar a Blair cosidos a Bush (regateando a Putin) con perfecta indolencia. Y mientras, la casa sin barrer y la merluza por las nubes. ¿Sorprenderá, pues, a alguien que los escritores sigamos siendo los mismos chafarrenglones de siempre?
Yo, por mi parte, confieso que me conformaría con ocupar ese espacio en blanco, entre línea y línea, que viene a ser la argamasa de toda buena columna, como una modesta lombriz de tierra que cava su túnel buscando un lecho húmedo donde aliviar su ceguera al azul. Si escribir es mirar con ojos nuevos, leer es reinventar el mundo cada vez. Aunque ya será bastante -no quiero ponerme estupendo- con resistir amarrado a este renglón sin dejarme ganar por el vértigo o la molicie, como el Simón Estilita de Buñuel. De sobra sé que si me arrojara desde lo alto de esta columna, abajo no me esperaría Silvia Pinal vestida de marinerito, ensayando posturas de lolita talluda con liguero de encaje y tacón de aguja.

 

El Día de Cuenca
18 de junio de 2003.