Paco Mora. FRASES HECHAS</H1>

Frases hechas

 

A mi amigo Sebastián lo que más le gusta en el mundo es un buen filete de vaca. Poco hecho o mejor, sangrante. Compartir mesa con él da un cierto repelús, sobre todo si eres un poco aprensivo con las cosas que te llevas a la boca. Verlo atacar el entrecot con los ojos fuera de sus órbitas y los dientes goteando hematíes y leucocitos es un espectáculo digno de película gore de Jess Franco. Con estos gustos turulatos, Sebastián dice evitar la tentación de otras prácticas mayores del canibalismo, como por ejemplo la de esos sujetos esquinados que un día descuartizan a la novia y la guardan, por piezas, en una cámara frigorífica. Sostiene él que el hombre es, de natural, depredador y caníbal, por más que intentemos maquillar al torcido animal que todos llevamos dentro. Yo siempre he querido ver en estas teorías desquiciadas de mi amigo, más que otra cosa, una actitud estética o una simple pose, como "esa tristeza de feos sin amor" que decía Julián Ayesta hablando del existencialismo. Personalmente, no creo haber sentido nunca impulsos caníbales. Prefiero la carne bien pasada y a mi novia, antes que troceada en la nevera, de cuerpo entero y en la cama, dónde va a parar. Al menos eso creía hasta ayer, cuando leyendo la novela de un escritor de relumbrón descubrí en la primera página, entre dos oraciones subordinadas de relativo, una frase hecha. La frase se refería a una "acción armada", pero olía a chamusquina que atufaba, porque yo no leí si-no la descripción del vulgar asesinato de un hombre que se desplomaba sobre la acera con los ojos vidriados de espanto y una bala alojada en la nuca. No pude seguir leyendo. Temí toparme luego con un "mi más sentido pésame" o un "le acompaño en el sentimiento" y que mis sueños se poblaran entonces de oscuras pesadillas. Así que acabo de descubrir con pavor mi condición canibalita. Detesto las frases hechas. De hecho las frases a mí todo lo más vuelta y vuelta, chorreantes de metáforas brutas que vienen a ser al texto lo que los hematíes y los leucocitos al chuletón sanguinolento de mi amigo. Y es que, en tratándose de carnes rojas debo reconocer, mal que me pese, que Sebastián es una autoridad; y como él dice: la vaca es la vaca.

 

El Día de Cuenca
17 de septiembre de 2003.