Paco Mora. PLUMAS, PLUMILLAS, PLUMÍFEROS, CHUPATINTAS</H1>

Plumas, plumillas, plumíferos, chupatintas

 

Comienza el curso editorial con la misma fatiga de todos los años. Dicen que corren malos tiempos para la lírica y para la épica y para todo lo que huele a papel impreso y encuadernado. Cosa de los tiempos, será, que igual salen por peteneras que por la tangente, ya ve usted; porque aquí leer, lo que se dice leer nos ha dado siempre yuyu, y así nos va, de culo, cuesta arriba, contra el viento y a la pata coja, como decíamos de chicos, cuando el mundo era redondo y azul y de mentirijillas.
Aseguran las estadísticas que el mercado editorial experimenta una recesión imparable, así que el número de libros que el gremio publicará se reduce drásticamente. Colecciones históricas, que en sus fondos atesoran cientos de títulos que son la memoria cultural y sentimental de varias generaciones de lectores, van a publicar (espántense) la ridícula cifra de dos o tres libros de narrativa por temporada. Y gracias. Así no hay manera.
Y a pesar de ello los "Plumas", ese grupo de no más de diez escritores de relumbrón que cobran anticipos fabulosos por sus obras, no tendrán problema para colocar en los anaqueles más vistosos de las librerías varios miles de ejemplares de su último título, que será sublime o un bodrio -la calidad no es hoy criterio ninguno para publicar un libro- pero sin duda se nos recetará como un gran éxito de ventas y de crítica. Los "Plumillas", o sea, los del montón, deberán conformarse con lo de siempre, las migajas, y seguir tirando a dieta de bocadillos de artículo, canapés de pregón y sángüiches de conferencia, porque los 800 euros que cobran por novela no dan ni para el puchero de aguachirle con que alimentar a la musa durante los dos años largos que cuesta escribir la novela. Sobre los "Chupatintas" mejor tender un respetuoso silencio y rezar una oración -no sé si de réquiem o de gracia- porque en ellos señalo a esos escasísimos autores noveles "privilegiados" cuyas obras habrán pasado la criba y verán impreso al fin su primer titulo, eso sí, por lo que les den: nada.
Los editores, entre tanto, seguirán haciendo su agosto con los "Plumíferos", su particular gallina de los huevos de oro (gallina y puta pero de oro, que es lo importante); pero estos polizones del lapicero, estos impostores del abecedario no merecen comentario alguno -ni aun de desprecio- si de lo que aquí tratamos es de libros, que no de marcianos, pocholadas, diniadas o yoladinas; es un suponer.
Morir de literatura o vivir. Esa es la cuestión. Lo dijo antes y mejor Francisco Umbral: Creí que escribía por ganarme la vida, y era por ganarme la muerte. Amén.

 

El Día de Cuenca
01 de octubre de 2003.