Paco Mora. CUARTO Y MITAD I

Cuarto y mitad I

 

Un aforismo (ramonianamente hablando, greguería) no es más que una idea -la chispa de una idea, un "sketch" de idea- fuera de contexto. En el mejor de los casos con texto. En el peor, un dibujillo vacilón que no ha superado la etapa del garabateo.

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De qué nos sirvió haber andado tanto si al cabo todo se resume en este solo paso. ["Últimas palabras pronunciadas por el corredor de fondo en su lecho de muerte"].

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Dice Miguel Torga en sus diarios: "No hacer trampa en un diario es como pasar delante de un espejo y no mirarse". Pues sí, triste gracia la de la vida que nos da el cristal pero nos hurta el azogue pues, al fin, todo se lo llevará la trampa.

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Se dejaba llorar constantemente. En el corazón tenía tatuada una naturaleza muerta.

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Era un tipo desdentado de boca espumajeante que al hablar escupía las palabras. Un día se suicidó ahogándose con su propia saliva. Los forenses encontraron en su garganta el cuerpo del delito: un amasijo de fétidas letras volcadas obturándole la tráquea.

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Le decían: "Tienes la cabeza llena de tópicos". ¡Qué sinvivir! ¡Qué desazón! Con lo que pican.

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Los hombres que se obstinan en pasar a la Historia no se dan cuenta de que toda obra humana tiene una definitiva vocación de olvido. Y, de cualquier modo, en el breve lapso que media entre la muerte y el olvido, de pasar a la historia (con minúscula) quien pasaría no es nunca uno, sino su caricatura.

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Contra el vicio de escribir, la virtud de leer.

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El Día de Cuenca
08 de octubre de 2003.