Paco Mora. EUROS A PESETA

Euros a peseta

 

En estos días blandos del otoño, tan diluidos los unos en los otros, tan sin ton ni son, a mi amigo Sebastián se le alborotan las meninges como en ninguna otra época del año, parece mentira; cuando el tiempo más invita a la ensoñación y a la musaraña él deshila su largo carrete de palabras con la indolencia de un niño trasto. Acodados en la barra de nuestro bar de siempre se lo digo; Sebastián, tú estás por encima de las estaciones, tu incontinencia verbal no conoce estadías ni cadencias ni remansos; me abrumas, Sebastián. Él, de inmediato, salta en su taburete y comienza a gesticular como un poseso: "¡Ya salió el intelectualoide con su frasecita! ¿Qué? ¿Que largo mucho?, pues para el hilo se hizo el ovillo, ya ves. ¿Y te parece que digo tonterías? ¿O es que el señor considera calderilla intelectual el asunto del euro que venimos tratando? Claro, tú necesitas para nutrir tu imponente cocote de escritor de provincias asuntos de mayor calado, no te amuela". "No, Sebastián, no es eso", le digo armándome de paciencia, "lo que está pasando con la filfa del 'redondeo' del euro es muy serio, tanto que no puede ventilarse en una cháchara de taberna más bien cutre; así que déjalo estar". Desde que nos apostamos en la barra esta tarde, Sebastián ha ido desgranando, uno a uno, todos los titulares de prensa de las últimas semanas, en lo que al euro se refiere: que si el dichoso redondeo es un atraco a mano armada, perpetrado con la anuencia de nuestros mandamases, y lo que esconde es un siniestro plan que ha servido para duplicar los precios de casi todo; que si desde que se implantó el euro la mitad de las familias españolas tienen problemas para llegar a fin de mes; que si ya no hay quien llene la cesta de la compra por menos de un riñón y cuarto y mitad del otro; que si con los sueldos no han tenido a bien aplicar el susodicho 'redondeo' y con la misma vara de medir engaños, etcétera, etcétera. Tiene razón, pero no se lo digo porque eso sería tanto como empezar un nuevo carrete y ya no tengo fuerzas ni voluntad para seguir hilando. Así que, para zanjar la cuestión, le suelto a bocajarro: "Lo que a ti te pasa, Sebastián, es que tú quieres que te den euros a peseta". Por un momento creo que mi amigo va a fulminarme con la mirada pero, inopinadamente, se arranca con una carcajada colosal y, tronchándose de risa, dice: "Te falta un hervor, chaval; euros a peseta, no te amuela, euros a peseta".
A la salida, Sebastián me cuenta su breve encuentro con Renato, ya saben, ese tipo tan plano tan plano que diríase todo de papel, amigo de nuestro virtual Académico Ángel Luis Mota. "¿ Y sabes qué me dijo?, pues que a él, con pesetas y con euros, las cosas le cuestan igual. Antes le echaba al coche tres mil pelas de gasolina y ahora se apaña con dieciocho aurelios, o sea, lo mismo". ¡Chúpate esa!

 

El Día de Cuenca
15 de octubre de 2003.