Paco Mora. LA GRAN NOVELA SOBRE CUENCA

La gran novela sobre Cuenca

 

Con la persistencia cíclica de las estaciones regresa cada poco a los mentideros del mundillo cultural de la ciudad -un cocedero de chismes tan aparente como cualquiera- el viejo debate sobre los géneros literarios. Aseguran que Cuenca es terreno abonado para poetas, ensayistas, periodistas y letraheridos diversos (algunos, de fuste) pero que siguen faltando los novelistas; y faltan porque falta la novela capaz de armonizar voluntad e intenciones y de despertar vocaciones en ciernes, esa gran novela que vendría a ser la "Regenta conquense" y debería hacer de nuestra ciudad la nueva "Vetusta" del milenio recién estrenado, espejo creativo en el que reflejarse, sobre todo para las futuras hornadas del gremio del lapicero. Y yo creo que la novela está, porque están ahí las pobres gentes y las otras; la gallofa, la golfemia y los caciques revestidos; están todos, los colgados, los tronados, los volatineros, los putañeros y las gigantas; las pajilleras, los pajimemos, los revenidos, los reciclados y los circunflejos; todos, los abnegados, los iluminados, los consentidos y los ilusos; la bella, la pinturera, los tratantes de sueños y los de la generación nocilla. Están la bóveda del cielo, las estrías de la tierra y el lento rumor del agua, la arquitectura y la carpintería -fundamentales en el armazón de una novela-, la línea curva y el punto exacto que traza la línea recta desde los ojos del que mira hasta el escote de la desconocida que nos mira mirar: ese punto es una herida abierta en el universo. Está Lolo, un alma de cántaro de mi barrio, que naturalmente colecciona mariposas, y Lucía, una dulce joven nonagenaria que cada mañana, a las siete y media en punto, levanta la persiana de su cuarto, abre de par en par la ventana, se acoda en el alféizar y eleva los ojos al cielo un instante, después arranca un pétalo de una flor (siempre hay flores frescas en su balcón) y lo deja caer con suavidad hasta la calle. En Cuenca está Fermina Daza y Florentino Ariza, Tristram Shandy, Josef K. y Gregorio Samsa. Todos, Julián Sorel, Humbert Humbert, Moll Flanders, Edmundo Dantés, Emma Bovary, Bartleby y don Quijote y Sancho. Por estar están hasta los estudiantes de Bellas Artes tintando las nubes por dentro de vistosos gurrapatos. Quizá lo que falta es talento para ordenar el caos y darle forma y sentido al mundo. O sea, que a lo mejor lo que no hay en Cuenca son escritores. Ni ganas. A ver si va a ser eso.

 

El Día de Cuenca
12 de noviembre de 2003.