Paco Mora. DECIR NO

Decir NO

 

Hace unas semanas un pequeño periódico de Ohio estremecía al mundo con la narración de las "hazañas" de la "Tiger Force", un escuadrón de élite del ejército estadounidense que en 1967 sembró el terror en las junglas de Vietnam. La lista de atrocidades de estos esforzados guerreros desborda con creces los límites de esta modesta columna, pero para que se hagan una idea pongamos que entre sus "acciones" puede contarse el asesinato de un niño vietnamita de 15 años, sencillamente porque el soldado que le disparó se había encaprichado de sus zapatillas, la muerte y mutilación de decenas de civiles indefensos, la violación y degüello de niñas de 13 años, la decapitación de bebés, el ametrallamiento de madres delante de sus hijos… y así mil y una barbaridades más inenarrables. Como trofeo de guerra estos soldados cortaban las orejas de sus víctimas con las que se hacían, anudadas al cordón de un zapato, vistosos collares que lucían con orgullo para intimidar a la población. Baste decir que el macabro escuadrón estaba compuesto por voluntarios que tuvieron que pasar ciertas pruebas, alguna tan llamativa como la que consistía en detectar "las ganas de matar" de los aspirantes.
Corriendo el tiempo, en la reciente guerra de los Balcanes encontramos escenas de parecido jaez. Por ejemplo, y por abreviar, aquella sangría nos descubrió a tipejos repugnantes como Goran Jelisic, apodado Adolfo Serbio en alusión a su adorado Hitler. Esta bestia inmunda se jactaba de desayunarse cada mañana con el asesinato de una docena de personas, para empezar la faena del día con el ánimo alegre y el espíritu templado.
Leyendo estas cosas, tan difíciles de asimilar para un hombre de bien -se muere uno a chorros tras mascar cada frase- cuesta creer que haya hombres tibios que se resistan a decir NO A LA GUERRA, un NO de dimensiones catedralicias, un NO universal por siempre y para siempre, venga de donde venga. Y sobre todo asusta ver la mezquindad con la que se manejan muchos gobernantes del mundo que, conscientes de las atrocidades de las guerras, en vez de pararlas las disfrazan de eufemismo, como si el eufemismo -ese vergonzante encaje de bolillos del lenguaje- pudiese cicatrizar las heridas de la conciencia. Tras los "ataques preventivos", lo último en lenguaje bélico parece ser lo de la "acción anticipatoria". ¡Dios mío, cuántos nombres miserables para una misma muerte! ¿Hasta cuándo, señor Aznar, este seguidismo de Bush hasta en su hueca retórica?
En la guerra de Iraq, la media diaria de soldados americanos muertos es, dicen, de cuatro. El gobierno ha prohibido filmar los féretros cuando llegan a USA, para no preocupar a la población, claro. ¿Haremos lo mismo aquí cuando nos toque? Y eso que son soldados, o sea personas, los muertos, que si llegan a ser "daños colaterales"… Con lo mal que debe adaptarse un daño colateral a un ataúd hecho a la medida de un hombre.

 

El Día de Cuenca
26 de noviembre de 2003.