Paco Mora. CUARTO Y MITAD IV

Cuarto y mitad IV

 

Sin ser tremendos: un escritor, a la postre, es un calígrafo con mala letra. O sea, un chafarrenglones que ha elegido el camino de en medio. O el callejón sin salida.

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Los osos hormiguero y los escarabajos rinoceronte son la prueba viviente de que el espíritu de la contradicción habita entre nosotros.

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Sólo en carnaval, con la máscara puesta, alcanzamos a vislumbrar el verdadero rostro de nuestros semejantes.

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Pocas cosas más tristes que oír a un disfraz lamentarse del individuo que lleva dentro. "Le vengo grande", dice el disfraz del hombre menguante. "Me tira de la sisa", dice del que tiene delirios de grandeza. "No está a la altura", se queja, finalmente, del político.

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Entre la pena y el pene media una sola vocal, y, acaso, una carencia: de dos o tres centímetros, aproximadamente.

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Se fue de este mundo con la vida a medio vivir, pero con la loca ilusión (en justa correspondencia) de morir solo media muerte. Era un joven entusiasta y voltaireano.

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El gramático que bautizó a la i griega como "conjunción copulativa" o era un obseso que no hacía el amor o, haciéndolo, jamás cruzó el umbral de lo políticamente correcto, es decir, de lo aséptico y lo profiláctico.

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Palabras como "emperifollar" demuestran que tras la (metáforica) luenga barba de los académicos de la lengua en realidad se oculta un humorista o, quizá, un niño travieso al que, de cuando en cuando, le gusta hacer del objeto de su juego -el diccionario- un campo minado.

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Las cosas del tiempo llevan su tiempo. Y no es porque yo lo diga, es que el tiempo es muy suyo.

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El Día de Cuenca
10 de diciembre de 2003.