Paco Mora. 100 AÑOS

100 años

 

Querido abuelo Francisco: Hoy este diario, en el que cada miércoles uno desgrana sus palabras a jirones, debería haberte dedicado una hermosa página, como suele hacer con los hombres y mujeres centenarios de esta nuestra Cuenca desovillada. No ha podido ser. Meses atrás (cruel agosto) te fuiste discretamente, sin ruido alguno, con la misma sencillez que guió tu vida. Esa página habría hablado, sin duda, del último (quizá penúltimo) superviviente de Alhucemas, ¿recuerdas?, cuando para espantar el miedo y la soledad y el terrible olor de la pólvora quemada, tú trenzabas una correa y esperabas, desde tan lejos, contando el tiempo en el silencio del que no espera nada. Hablaría de la guerra del 36, tan incivil y espantosa que a ti te dejó viudo y vacío y demediado, con dos criaturas desamparadas entre los brazos. Y contaría de tus años de telegrafista y de tus años en Hacienda y del campanero de la Iglesia del Cristo del Amparo. Siguen sonando las campanas, abuelo, pero desde que tú no las tocas hay una nota fugitiva que cada tarde se pierde hoz del Huécar adentro, no sé si por buscarte o añorándote. Hablaría, en fin, de tu pequeña historia, que no es sino la de los millones de hombres y mujeres anónimos que, con mucha pena y muy poca gloria, hubieron de cargar sobre sus espaldas con todo el dolor del desgarrado siglo XX entero, para que nosotros sufriéramos un poco menos.
Por aquí, ya ves, ni fu ni fa, como siempre. Entre rotondas, semáforos, tráfico, aparcamientos, zanjas y suciedad, Cuenca está cada día más irreconocible: las cosas de las casas consistoriales, ya sabes, que cuando no tienen nada mejor que hacer, inventan propuestas nuevas, válgame Dios, podrían entretenerse en matar moscas con el rabo. Pero bueno, lo mismo hasta termina teniendo su gracia tanto afán rotondil y tanta lucecita tricolor semafórica, todo se andará, que el disparate a veces se hace costumbre y de la costumbre a la tradición media un paso. Los chopos andan ya pelones y desmochados y la fanfarria de la Navidad lleva semanas aturdiendo los oídos y los bolsillos de los paisanos. O sea, todo igual. Me figuro que desde tu Cielo se verá lo de aquí abajo como una película de risa del Gordo y el Flaco, poco más o menos, quiero decir como la carrera sin fuste ni muste de unos tipos que como nadan en la abundancia creen que la felicidad cotiza en euros y a ello fían su vida y sus cuidados. En fin. Yo solo quería escribirte, abuelo, un Feliz Cumpleaños en el aire o, si lo prefieres, en el agua acompasada de tu río.
Posdata: Se me olvidaba, vas a ser bisabuelo (tampoco es mucho, solo te ha costado cien años serlo). Tu biznieta se llamará Lucía y estoy convencido de que cuando mire tus fotografías ella se reconocerá de inmediato en tus ojos de hombre esencialmente bueno. Felicidades, abuelo.

 

El Día de Cuenca
17 de diciembre de 2003.