Paco Mora. RECAPITULEMOS

Recapitulemos

 

Orear la propia columna un 31 de diciembre invita a desenredar los pájaros y las musarañas de la cabeza de uno, a aventar los fantasmas y a hacer recapitulaciones, con una mano en la mejilla, al modo de Cela, o sujetándose con fuerza el estómago, tanto da. Siempre nos rondará la sospecha de que la columna, como el año viejo, es intercambiable, de que se sustituye lo adjetivo pero lo sustantivo sigue igual. ¿Qué decir de este 2003 tan tontorro y desflecado? ¿Qué soluciones ha aportado a los mil y un conflictos por los que se desangra este planeta malherido? Apenas ninguna. Seguimos hablando del asesinato, casi a diario, de mujeres a manos de sus "compañeros", pero somos incapaces de aliviar tanto dolor; continuamos metidos en guerras en todos los puntos del globo, asolando pueblos enteros, ¿cuántas guerras hay declaradas al día de hoy?; la violación sistemática de mujeres es deporte nacional en la República Democrática del Congo (más de tres millones de muertos en cinco años) o en Suráfrica donde es violada una mujer cada 26 segundos: escandalosos ejemplos del horror que llevan demasiado tiempo clamando al cielo y reciben la callada por respuesta; la inmigración, la enfermedad y el hambre siguen siendo la espina y el espinazo de las orondas panzas satisfechas de Occidente; terrorismo, integrismo, fanatismo (sean del signo que sean) han elevado a rango universal la barbarie. Por tanto, la pregunta es, ¿cuántas páginas hemos agregado en el 2003 a la Enciclopedia Universal de la Infamia?
Y sin embargo, por más que nos empeñemos en volver la cabeza y mirar para otro lado, hay árboles que nos regalan el milagro de su flor cada primavera, y hombres y mujeres que se dejan el alma entre los parias de la tierra (a veces, los desheredados están entre nosotros). Y a pesar de todo hay sol y luna y niños que ríen en nuestros parques, y tenemos tres trajes nuevos y dos flamantes automóviles y una megatelevisión de pantalla gigantesca donde ocultamos sin rubor alguno las toneladas de basura del planeta. ¿Quién da más? ¿De qué quejarnos, sin que se nos caiga la cara de vergüenza, abrigados al orillo de un brasero? Si vivir es pura contradicción aprendamos a contradecirnos, al menos, sin tirar nuestra conciencia por el desagüe. Ea, lector amigo, que las doce campanadas te sean propicias. Feliz viejo año nuevo.

 

El Día de Cuenca
31 de diciembre de 2003.