Paco Mora. EL ANUNCIO

El anuncio

 

Que el Atleti es el pupas, deportivamente hablando, resulta una verdad de Perogrullo. Que su sufrida afición -magnífica por tantas cosas- ha de padecer las chaladuras de sus sucesivos presidentes, parece ser su sino inexorable. Y sin embargo, no hay club de fútbol más creativo y con más arte cuando de lo que se trata es de publicitar sus industrias y su negocio. Quién no recuerda aquel anuncio televisivo del niño que, en un arranque existencial propio de Jean-Paul Sartre, le pregunta compungido a su padre: papá, ¿y por qué nosotros somos del Alteli? O ese otro estupendo del "Mono" Burgos asomando su cabeza afligida por una alcantarilla del Madrid viejo. Pues bien, ha tenido que llegar Benito Zambrano -el director de la impagable película "Solas", ¿recuerdan?- para hacer de su primer anuncio publicitario una obra de arte digna del mejor cine español (con Rafael Azcona al fondo, por supuesto). Me refiero, ya se habrán dado cuenta, a esa joyita del celuloide en la que vemos a dos soldados enfrenta-dos (uno rojo y otro facha) en nuestra guerra civil; hasta que descubren que comparten idéntica pasión futbolera y por el mismo equipo. Como no podía ser de otro modo, se despiden "pacíficamente" al grito unánime de "¡aúpa el Atleti!" aunque, eso sí, uno saludando a la romana con el brazo en alto extendido y el otro cerrando su puño como está mandado.
La idea no es nueva. Sin ir muy lejos -a "La vaquilla" de Berlanga o a algún monólogo de Miguel Gila, por ejemplo- podemos rastrear sus influencias en "Soldados de Salamina", la novela de Javier Cercas llevada al cine recientemente por David Trueba, o en aquella extraordinaria secuencia inicial de "Belle Époque" en la que dos guardias civiles (suegro y yerno, para más inri) tiran de mosquetón por un quítame allá esas pajas. Y sobre todo en "El dios de entonces", el mejor cuento -en mi opinión- de Juan Bonilla, donde se narra el estremecedor encuentro, años después de la dictadura militar argentina, de un verdugo con su víctima en el estadio del Boca Juniors: ambos son hinchas a rabiar del equipo local. Pero lo que singulariza el anuncio de Zambrano es la mirada (la mirada de esos dos soldados heridos de nostalgia), triste aunque no irreconciliable, doliente pero piadosa. No hay olvido. Ni renuncia. Solo dos caminos que se bifurcan para encontrase sin remedio luego. Afortunadamente.

 

El Día de Cuenca
23 de julio de 2003.