Paco Mora. MALOS, PEORES Y REMATADOS

Malos, peores y rematados

 

Lo que más nos admira de nuestros amigos de América del Norte (y muy especialmente de sus gobiernos) es su incesante capacidad para abrir nuevas perspectivas en el campo de la estupidez humana. Es una aportación impagable que con el tiempo sabremos valorar en su justa medida. Hoy por hoy nosotros, como leales aliados, lo que debemos hacer es aprestarnos a imitar los moldes que ellos nos dictan con la debida aplicación y sin rechistar, que para eso velan sin descanso por nuestros intereses.
Todos recordamos con emoción aquella ley de la era Reagan por la que se prohibía la práctica del sexo oral, aun de tapadillo y en la intimidad del hogar con la propia mujer o el marido. ¡Qué cumbre de clarividencia!, por más que los maledicentes no quisieran ver lo que se pretendía con esa medida impar: cuidar de la higiene bucal de unos contribuyentes a los que el aliento les empezaba a oler a pescado crudo que atufaba. Luego vendría el aguafiestas de Clinton para echar tierra al asunto con el lío de la becaria libadora, pero eso, más que un gesto de rebeldía, se nos antoja la clásica pataleta del partido de oposición que cuando llega al poder ha de hacer de su capa un sayo, es decir, destruir al buen tuntún los logros del anterior gabinete.
Pues bien, ha tenido que llegar el gobierno más fashion que se recuerda en los Estados Unidos para que al fin a alguien se le haya ocurrido crear una escuela exclusiva para homosexuales. Ya era hora de que estos alumnos dejados de la mano de Dios pudieran aprender matemáticas a sus anchas, sin tener que sufrir las insidias de los colegiales heteros. Esperemos que en breve cunda el ejemplo y el mundo civilizado se llene de bonitas escuelas exclusivas. Por ejemplo para niños gordos y niños con gafas. Así acabaremos de una vez con los crueles "¡tú, gordito, fuera!" y los "¡tú, cuatrojos, largo!" que tanto traumatizan a nuestros chavales. Pero la mejor idea, sin duda, es la que han tenido los gerifaltes de la cosa al colgar en Internet un juego que consiste en adivinar cuál será el próximo Estado terrorista que intentará segarnos la yerba bajo los pies. Se recompensará al avispado internauta que acierte. Y eso está bien, pero creo yo que entre nosotros debería comercializarse una versión del tipo "juego de mesa" porque a muchos pueblos de nuestro entorno la onda de Internet les pilla un poco a trasmano. A ver si aprendemos por fin que en la ruleta de la vida nuestras diferencias no se dirimen ya con guerras entre buenos y malos, sino entre malos, peores y rematados.

 

El Día de Cuenca
06 de agosto de 2003.