Paco Mora. LOS PIES

Los pies

 

Esta mañana, al levantarme, me ha ocurrido lo que al gran Juan José Millás le ocurriera hace años, según nos contó en un articuento. De pronto, he notado que algo se movía dentro de mis pies. Me he dado cuenta enseguida de que ese efecto sonajero procedía de los dedos y que, como en el caso de Millás, las uñas funcionaban al modo de la tapadera de un plumier. He retirado la tapadera del dedo gordo del pie derecho pero dentro no había diminutos lápices de colores, sino algo tan horroroso que no me atrevo a desvelarlo aquí. No he tenido cuajo para abrir más uñas. Y pienso si mi caso no será una venganza de mis maltratados pies porque, a decir verdad, uno nunca ha sabido de qué pie cojea nadie, jamás ha sacado los pies del plato y en la oficina no da pie con bola, aunque la bola sea del tamaño de un estadio. Uno, que pierde pie a las primeras de cambio, es un zote para pararle los pies a alguien, quizá porque esté siempre con un pie en el aire y a poco que le lloren se deja comer por los pies tan ricamente. Y, aunque suelo andar a pie enjuto, confieso que a veces me cierro como pie de muleto; y eso que procuro caer de pies y que algunas tardes, por engañar al tedio, estoy al pie del cañón y compongo coplas de pie quebrado. Total, que lo de mis pies es un lío, créame a pie juntillas. Pero ahora temo por mis manos. Esta tarde he notado un extraño tintineo en el dedo anular de mi mano izquierda. No sé si declararme en pie de guerra o poner pies en polvorosa.

 

El Día de Cuenca
12 de diciembre de 2007.