Paco Mora. INTENCIONES

Intenciones

 

Saltar a la palestra en el primer periódico del año tiene su quid y su aquel. Quiere decirse que el año nuevo es un tocho de trescientas sesenta y tantas páginas en blanco por escribir del que, aunque algo intuyamos, no conocemos la trama, o sea, que por no tener no tenemos ni planteamiento ni nudo ni desenlace. Si miramos atrás, al inmediato pasado, queda únicamente un socavón, un agujero negro y resacoso propio del mucho abuso y despiporre de tantos días de fiesta. Así pues solo queda elucubrar, dar al deseo, a la voluntad o a la intención lo que a la realidad –aún no escrita- le falta. Y uno, sentimental impenitente, querría que con el año nuevo este malherido planeta, por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa, dejase de sangrar por sus cuatro puntos cardinales, y que callaran las bombas, y que nadie muriese de hambre y de abandono y de frío, y que ningún niño navegara por la red convertido en el objeto sexual de ciertos cerdos con careta humana, y que no hubiese ni una sola mujer maltratada o asesinada por energúmenos que confunden pasión con posesión y nuestro con mío. En realidad, uno escribiría siempre de alguien como usted, querido lector, el auténtico héroe de cada día, que todas las mañanas se levanta y acude a su trabajo de cuatro perras y además es padre y bueno y ama la vida, aunque le duela, y… Sí, ya sé que soy un cándido y que de buenas intenciones está empedrado el infierno. Pero es que de las malas, ni te cuento. Feliz año nuevo.

 

El Día de Cuenca
02 de enero de 2008.