Paco Mora. CENIZA

Ceniza

 

Por entonces, tal día como hoy, miércoles de ceniza, a los chavales nos sacaban de la escuela a media mañana y, en fila india, nos llevaban a la iglesia a cumplir con el rito. Pero Sito Osma, el chico más trasto del pueblo, pequeño como un chihuahua y listo como un ratón colorao, no soportaba aquella liturgia extraña por la que tenía que tomar una ceniza de dudosa procedencia, como recordatorio de nuestro efímero paso por este mundo, o algo por el estilo. Porque sostenía Sito que aquella ceniza que el señor cura nos ponía en la frente era ceniza de muerto y él, desde luego, no estaba dispuesto a cargar con ese peso. Pero si la ceniza no pesa, le replicaba uno. Tú tontea, insistía Sito, tú tontea con las cosas de los muertos y verás. Ver, lo que se dice ver, veíamos poco, pero el caso es que Sito Osma conseguía escabullirse y, mientras los demás aguantábamos con un pellizco en el alma aquellas terribles palabras: “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”, él se las ingeniaba para autoimponerse su propia ceniza, sustraída de la estufa de su casa, y así no “cantar” ante el maestro, al que no se le escapaba una. Luego había que oírlo llamándonos tontos por consentir llevar un muerto en la frente. Pero el destino, a veces, es cruel. Sito Osma se murió de fiebres un día, apenas cumplidos los doce años de edad, sin comprender los ritos de una religión de la que, por otra parte, siempre fue el monaguillo más monaguilleado que imaginarse pueda.

 

El Día de Cuenca
06 de febrero de 2008.