Paco Mora. ABRIL

Abril

 

A veces los entretenedores del idioma se inventan juegos para ocupar nuestro ocio, o el suyo, y así nos proponen, por ejemplo, el bonito ejercicio (del todo inútil) de buscar la más bella palabra de la lengua española. Y de inmediato observamos que el personal, al que le gusta opinar por opinar a poco que lo tienten, tiene gustos de lo más diverso, y lo que para éstos es un palabro más feo que Picio, para aquellos suena a música celestial. Junto a palabras rotundas y de indudable sonoridad pero escasamente usadas por el común de los mortales, como "damajuana" o "alféizar", figuran entre las favoritas de la gente otras más modestas y cotidianas, como "amor" y "abril". Yo, la verdad, no entiendo de palabras bonitas y feas, quiero decir que no sé por qué nos suena mejor "albahaca" que "cenutrio", quizá porque la música de la palabra no puede oírse aisladamente, sino en su relación con las demás, en ese misterioso chocar de unas con otras hasta componer esa frase esencial que ilumina el rincón más oscuro. Pero me he ido por las ramas. Yo quería hablarles hoy del mes de abril o, por mejor decir, de la buena fama de este mes que empieza y que está sobrevalorado. Pero se me ha acabado la columna. Claro que quizá toda su gracia estribe en eso, en la misma palabra que lo nombra: abril (y al pronunciarla sentimos como un repiqueteo entre la lengua y el cielo de la boca). Por cierto, ¿alguien sabría decirme por qué abril es el único mes que acaba en consonante?.

 

El Día de Cuenca
02 de abril de 2008.