Paco Mora. LA MUERTA

La muerta

 

Contaban en el pueblo, hace muchos años, la increíble historia de Casilda, una pobre mujer que gastaba sus días remendando y zurciendo para sacar las dos perras con las que malvivía. Estaba sola en el mundo y componía toda su hacienda una casucha medio en ruinas y cuatro trastos desvencijados. Quizá el sucedido tenga más de leyenda que de cosa real, pero el caso es que un día encontraron a Casilda muerta y remuerta en el jergón al que entregaba sus noches de soledad y frío. Dicen que estaba ya como un témpano y que la rigidez post mórtem hizo imposible colocarla en el ataúd como es debido. Cuando ya iban a darle tierra alguien observó que algo se movía dentro de la caja. Pensaron que un animal se habría colado de rondón allí dentro, pero entonces se oyó la voz de Casilda diciendo: "¡Dios!, ¿quién me ha despertado de este sueño?". Para unos fue un caso extremo de catalepsia; para otros, Casilda regresó de la muerte. Ella contó, para espanto del señor cura, que había estado en el Paraíso: un edén lleno de hombres para ella sola con los que podía yacer y solazarse eternamente. "El Paraíso en el que dices haber estado no es cristiano", le dijo el cura, "así que vas tú dada, pecadora". Desde entonces a Casilda la llamaron La Muerta.
Decían estos días los periódicos que una mujer peruana, a la que llaman ya La Muerta, había "vuelto a la vida" durante su velatorio. En el Más Allá estuvo caminando desnuda por un estrecho camino lleno de espinas. Ya ves tú qué cosas.

 

El Día de Cuenca
09 de abril de 2008.