Paco Mora. A LA LUNA, LUNA

A la luna, luna

 

Lo tengo escrito alguna vez. A mí, que alguien quiera hacerse rico a cuenta de la estupidez humana no me parece mal, pues de los mentecatos es el reino de la tierra, lo que me subleva es que se confunda el culo con las témporas y se trafique con el sueño de la pobre gente que camina cada día por ahí arrastrando su fatiga, su fantasma y ese pedazo minutísimo de cielo que le permiten, (los años bisiestos y determinadas fiestas de guardar).
Hace más de dos lustros, o sea, el pasado siglo, la presa se hacía eco del lucrativo negocio de aquel vivalavirgen que vendía parcelitas en Marte. El tipo, cumpliendo todos los requisitos legales, por supuesto, llenó la alforja repartiendo títulos de propiedad marcianos entre un buen número de sujetos desahogados, y básicamente tontos con posibles, que pretendían llenar sus muchas oquedades y su vértigo con medio celemín de tiempo y cuarto y mitad de vacío.
Pues bien, una empresa de San Francisco no solo le ofrece hoy un terrenito en la luna, sino que promete llevarle allá, para disfrutar de su propiedad, a partir del año próximo. Lo malo es que deberá estar usted muerto y lo que alunizará son sus cenizas, pero oiga, habrá cumplido su sueño de alcanzar la luna, sin duda un paraíso del descanso eterno. A no ser, claro, que a la altura de la exosfera estalle la urna que le contendrá y acabe usted convertido en polvo de estrellas. Pero, en cualquier caso, qué poético, ¿no? Qué retorcidamente poético.

 

El Día de Cuenca
23 de abril de 2008.