Paco Mora. DESCONOCIDOS ÍNTIMOS

Desconocidos íntimos

 

Me comenta un amable lector que le ha gustado mucho mi último libro de cuentos. Me siento halagado, sobre todo porque es un desconocido quien me lo dice. Pero de inmediato, mi lector me desconcierta. “Claro que los escritores adultos como usted deberían dejar ya a un lado la ficción y la fantasía y poner el potencial de su pluma, que en su caso es enorme, se lo aseguro, al servicio de la realidad; que está muy malito el mundo y hay que arrimar el hombro”, me dice. No sé si me ha desconcertado más lo de escritor adulto, el asunto del potencial de mi pluma o el más peliagudo de arrimar el propio hombro al mundo, así que, por salir del paso, le robo una frase a Javier Marías y le digo tímidamente: “La ficción es el único medio para no deformar la realidad”. Luego me rehago e intento explicarle que aunque muchas de mis historias pueden dejar un cierto regusto fantástico, si bien se miran son muy realistas, sólo que suelen ocuparse de la cara oculta de la realidad, de ese otro lado de la realidad que la realidad misma nos hurta. “Por ejemplo”, le digo, “si yo escribiera la historia de ese cura que se amarró a mil globos de colores, salió volando por los aires y fue a dar con sus huesos al océano, ¿qué me diría?” “Pues que sigue usted siendo un estupendo autor de ficciones, y un cachondo”, me replica. “Ya, pero es que el caso del cura volador ha salido en los periódicos”, digo. “¡Anda ya!”, me dice él, y se despide asegurando que me seguirá leyendo con fervor. Mil gracias, mi íntimo desconocido.

 

El Día de Cuenca
30 de abril de 2008.