Paco Mora. LA VIDA EN LLAMAS

La vida en llamas

 

El otro día se recordaban en Alemania los 75 años transcurridos desde aquella negra noche de mayo en la que los nazis, borrachos de odio y de poder, quemaron públicamente montañas de libros “peligrosos”. Todavía perduran las imágenes de esos cretinos uniformados ladrando sus vítores alrededor de las hogueras donde ardían las obras de Bertolt Brecht, de Thomas Mann o de Hemingway, entre otras muchas de desafectos al nuevo orden nazi. Creían aquellos lobos, en su imbecilidad, que con las páginas de los libros ardería también el pensamiento que los inspiró. Lo que quizá nadie podía imaginar entonces es que ese día se escribía la primera página del más abyecto relato de la “Historia universal de la infamia”, tan pródiga en horrores sin cuento. Se comenzaba quemando libros y se seguía alimentando los hornos crematorios con los cuerpos de millones de personas. Menos mal que no les dio tiempo a inventar la incineradora de almas.
En cierta ocasión, un chico de mi pueblo echó a la hoguera, para San Julián, un libro, con la disculpa de que estaba muy viejo y era un tostón. Recuerdo que el maestro, afeándole la conducta, le recordó al clásico: No hay libro tan malo del que no pueda extraerse algún provecho; así que quemarlo, le dijo, es como meterle un mixto a la razón. Años después, el maestro me contaría que aquella noche no quiso atajar un mal pensamiento. Si el libro que arde –pensó- fuese “Mein Kampf”, de Hitler, al menos podría mentarle la excepción al clásico. Lástima que no.

 

El Día de Cuenca
14 de mayo de 2008.