Paco Mora. MEMORIA DEL OLVIDO

Memoria del olvido

 

Me cuenta Ceferino, un amigo de mi pueblo, el extraño caso de una mujer a la que, de un tiempo a esta parte, le duelen los recuerdos. Físicamente, quiero decir. Que de pronto se acuerda de cierta tarde del año 69, pues allá que se le pone en un costado un dolor insufrible que la mantiene postrada durante horas. Que el recuerdo se refiere a una infausta noche de abril de la que no creía guardar memoria, pues es la cabeza la que le estalla días enteros, y no hay analgésico que la alivie. Lo peor, me dice Ceferino, es que la mujer tiene una memoria prodigiosa y son tantos los recuerdos que le duelen que se pasa los días y las noches entre ayes. En el pueblo, claro está, comienzan a tomarla por loca. Me lo cuenta, dice, por si su historia puede servirme para alguno de mis relatos, pero la realidad, le comento yo, se vuelve a veces tan inverosímil que literariamente no vale gran cosa. Mira el caso de Jill Price, le sigo diciendo, esa neoyorquina que salía el otro día en los papeles, una mujer que no puede olvidar ni uno solo de sus recuerdos, de tal modo que cada día de su vida tiene que vivir con todo su pasado a cuestas, hasta en sus más pequeños detalles, lo que ha convertido su existencia en una sucesión de ayeres desfilando furiosamente y sin parar por su cabeza. Y es que, le digo finalmente, sin olvido (selectivo si quieres, pero olvido) es imposible vivir: no hay cerebro que aguante el peso de una memoria de 36.000 días. Ni corazón que pueda doler 100 años, remata oportunamente Ceferino.

 

El Día de Cuenca
28 de mayo de 2008.