Paco Mora. TIBURONES

Tiburones

 

A decir verdad, ser editor es hoy una bicoca. Sobre todo si encuentras al Autor. No imagino el oficio en otros tiempos, a ese pobre editor preocupado por el rigor literario, por la estructura y el ritmo del relato, por la definición de los personajes, por el buen uso de la lengua; y a la postre, pobrecillo, sudando tinta por vender esa “obra maestra” que no compraba nadie, echando la gota gorda por cuadrar unas cuentas famélicas. Por fortuna las cosas han cambiado, y aunque quede algún loco dispuesto a darse de bruces contra el muro de la literatura, de la buena prosa y demás zarandajas, lo cierto es que cada día son menos. Pronto el gremio estará limpio de polvo y paja. Nuestro Autor, ustedes lo conocen de sobra, es el artífice de esa historia superventas titulada “El códice Dickens”, o de ese novelón sin par -1.428 páginas de absorbente lectura y 87 ediciones- que es “El efecto Darwin”, por no mentar obras del tallaje de “El priorato de Phnom Nipal” y “El código Michelangelo y el escriba vaticano”. Pero todo Autor, ay, tiene sus veleidades. Hace unos meses me entregó un tocho titulado “Encuentro” y se quedó tan pancho. En la primera semana de ventas no despachamos ni 8.000 ejemplares. El acabose. Debimos rehacer toda la edición. En cien días hemos alcanzado el millón de libros vendidos. Es lo que yo le digo a mi Autor: zapatero, a tus zapatos. Aquel “Encuentro” de infausto recuerdo es ahora “El enigma Stoker y la logia de Caín”. Que ustedes lo sigan disfrutando; y mi bolsillo que lo cuente. Ea.

 

El Día de Cuenca
04 de junio de 2008.