Paco Mora. MEHBOOBA

Mehbooba

 

Miro la fotografía y lo que la muchacha retratada me provoca es ternura, una ternura tan grande que dudo si escribir o callar, si guardar para mí esta emoción intransferible o prestar mi pluma a un texto que podría escorarse hacia lo sentimentaloide, arruinando por completo mi columna. El objetivo ha captado a la muchacha en posición de salida, justo antes de lanzarse a la carrera. El estadio donde entrena presenta unas condiciones deplorables, no hay equipamiento alguno y las gradas están separadas de la zona deportiva por alambres de espino, triste evidencia de que, hasta hace nada, ese lugar era un campo de reclusión y de ejecuciones. La muchacha va tocada con un pañuelo y luce un chándal holgado que le cubre todo el cuerpo; una imagen muy distinta a esa otra de las actuales atletas, que visten ropas deportivas ajustadas y ligeras. Vive en Kabul y se prepara desde hace tres años para acudir a las olimpiadas de Pekín. Será la única mujer afgana que competirá en esos juegos, a pesar de las risas de sus vecinos y, lo que es más grave, de las amenazas de muerte de los talibanes. Tiene 19 años, se llama Mehbooba Ahadyar y su valentía y tesón nos recuerdan que hay muchos lugares en el mundo donde alcanzar derechos y libertades fundamentales, como tener un plato de comida al día o salir sola a la calle siendo mujer, cuesta sangre, sudor y lágrimas. Yo en Pekín, en las pruebas de 800 y 1.500 metros, apoyaré a rabiar a Mehbooba. Sabiendo que no ganaremos, claro. Jamás.

 

El Día de Cuenca
09 de julio de 2008.